CUENTOS CORTOS Y POESIAS Publicado en la interCole Nº 23 de Agosto 2007

Historia de adaptaciones

Historia de adaptaciones?


Hace muchos millones de años, cuando aparecieron los animales en la Tierra, el puercoespín era un animalito pequeño, con un pelaje largo y suave, ¡muy suave! Cito era mimoso y le encantaba peinarse contra las piedras y los troncos de los árboles.
Una mañana, decidió internarse en el bosque y se perdió, entonces vio aproximarse una serpiente, pero cuando quiso preguntarle el camino, ésta lo atacó. Cito sintió que todos sus pelitos se erizaban de miedo y, para su sorpresa, la serpiente retrocedió. ¡Qué susto!
Siguió caminando tratando de hallar el camino, pero se encontró con un cachorro de león que a pesar de ser cachorro, era mucho más grande que él. El leoncito lo acosaba y no lo dejaba avanzar, ponía su “patota” sobre su pequeña cabecita mientras acercaba su hocico a su cuerpo. ¿Estaría jugando? Pero a Cito no le gustaban esos juegos, eran algo peligrosos.
Y otra vez, aterrorizado, sintió que todo su pelaje se ponía de punta. Inmediatamente el leoncito se apartó. Cito aprovechó para correr y escapar de ese lugar. ¡Qué situación!
Corrió y corrió hasta que se topó con un conejo:
–¡Al fin alguien de mi tamaño! –pensó.
El conejo le hizo una reverencia con sus orejas y sin querer tocó el pelo de Cito.
–¡Ay! –gritó el conejo.
–Qué pelos tan duros tienes, parecen púas –y se fue.
Cito no alcanzó a preguntarle nada, el conejo había salido despavorido. Siguió caminando hasta que llegó a un arroyo. Estaba muy triste. Se acercó a beber agua pues había caminado mucho y hacía calor. En eso, vio algo parecido a su reflejo en la superficie del agua. Miró hacia atrás creyendo que había alguien más allí, pero estaba solo, tan solo que tuvo ganas de llorar, pero su curiosidad era más grande. Volvió a mirarse en el agua y vio que en lugar de su suave pelaje, unas largas púas salían de su cuerpo. Lloró desconsoladamente un rato hasta que oyó que lo chistaban. ¿Quién podía ser, si estaba solo?
–Aquí, en el árbol –dijo una lechuza– ¿Por qué lloras?
–Lloro porque... porque... mis pelitos, porque eran lindos, suavecitos, por eso me llamo Cito... porque... porque...
–Bueno, bueno, no te entiendo nada, pero creo adivinar lo que te sucede. A ver ¿cómo te explico? ¡Ah, ya sé!: sin que te dieras cuenta, tu cuerpo necesitó adaptarse a la realidad y al medio en el que estás. Es muy difícil sobrevivir en este lugar sin ser atacado por animales más grandes, por eso tus pelos dóciles se transformaron en duras púas, ¡como elemento de defensa! De ahora en más, las nuevas generaciones nacerán con esta característica y ya no estarán indefensos. ¿Entendiste?
Cito agradeció a la lechuza la explicación detallada que tan amablemente le dio y se fue más tranquilo luciendo su nuevo look que, aunque no le gustaba demasiado, estaba seguro que le sería muy útil en el futuro.
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