CUENTOS CORTOS Y POESIAS Publicado en la interCole Nº 23 de Agosto 2007

La expedición

La expedición?

Ya me lo habían contado. En aquel monte tenebroso se escondía el gran secreto. Me llamo Diego Sánchez, tengo 14 años y soy muy valiente. Vengo escuchando desde hace un montón sobre un chico llamado Ramón. Dicen que es muy audaz y muy temeroso. Me dicen que es muy inteligente y de buen corazón. Dicen tantas cosas sobre él, que decidí ir a conocerlo.
Viajando a donde dicen que vive Ramón, vi de repente una caja tirada en una laguna. Crucé un cerco y agarré la caja. Adentro había un papel que decía: “Estoy en una parte de la tierra muy lejana, si inicias la expedición, me parece que sabrás dónde estoy, porque me pronto me conocerás.”
Agarré el papel con mucha intriga y seguí viaje a visitar a Ramón. Pero no lo encontré. En la casa sólo encontré una grabación en el contestador, que parecía antigua: “¡Ayúdame, ayúdame, me tiene, me acusa de traición, me llevó a su maldad, tú eres mi salvación! ¡Ayúdame por favor, que estoy desaparecido!”
En la grabación se escuchaban unos truenos y el sonido de gotas de lluvia, como en una isla. Así que pensé que el destino me había elegido para esta búsqueda y que tal vez esta historia era verdad. Al día siguiente releí el papel y pensé en toda esa magia que existe en las historias. “Una parte de la tierra muy lejana”, decía. ¿Tendría alguna conexión con el mensaje en la casa de Ramón? Hasta que un día escuché hablar del monte del Amo Tenebroso. Pensé: “¿tendrá que ver con este enigma?”
“El Amo Tenebroso”... Sonaba como a una especie de maldad, y el chico que gritaba en la grabación, decía: “me llevó a su maldad”. La verdad, la oscuridad siempre abunda en los lugares tenebrosos, y el chico necesitaba tanta ayuda, que decidí ir a buscarlo. Me preguntaba quién sería el atrapado…
Estaba muy intrigado. Busqué los medios para encontrar el monte y fui. Llegué hasta un lugar oscuro, que daba la impresión de estar inhabitado. Entré en una cueva que estaba en medio del monte y observé a un chico corriendo y gritando. Lo seguí hasta que paró y me encontré con tremendo dragón, que medía 6 metros de alto. El dragón, al ver al niño, gritó:
–¡Has llegado tarde! ¿Qué haces cuando no estás aquí?
Y el niño respondió:
–¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Por qué no elegiste a otra persona? Vivo aquí atrapado sin hacer nada.
–¡Cállate! –respondió el dragón– Espérame aquí, buscaré algo. Ya vuelvo.
El niño aprovechó para escapar, pero se encontró conmigo y me dijo:
–¿Quién sos? ¿Cómo llegaste aquí? ¡Él te atrapará!
–Me llamo Diego. Vení, te ayudaré a escapar.
Nos escondimos juntos y cuando el dragón salió a la pradera, los dos salimos detrás de él y huimos sin que nos viera. El chico me dijo:
–¡Gracias por ayudarme! Hace algunos años, él me trajo aquí, me tuvo prisionero por un largo tiempo. Tuve que intentar cualquier forma para comunicarme, ¡hasta que llegaste vos!
–¡Ah!, ¿eras vos el de la grabación y el del papel?
–Sí, yo intenté eso para que alguien se diera cuenta.
Mientras él hablaba, algo me decía que mi nuevo amigo era alguien a quien buscaba hacía mucho tiempo.
–¿Cómo te llamás?
–Me llamo Ramón.
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