CUENTOS CORTOS Y POESIAS Publicado en la interCole Nº 24 de Septiembre 2007

Una inesperada amistad

Una inesperada amistad?


Había una vez una hadita llamada Sarita. Ella tenía cuatro amigas: Rusy, Marga, Rita y Vero. Ella era muy amistosa y dulce como la miel. Un día el colegio organizó un campamento y ella, ¡ni en sueños se lo iba a perder!
Lo primero que hizo fue llamar por teléfono a sus amigas. Después de la noticia, todas empezaron a empacar. Sarita llevó una mochila hecha de pétalos de flor. Dentro de la mochila había agua fresquita del valle de La Rosa, un sweater liso y suave como la seda, unas botas hechas de cuero, un CD para escuchar música y –finalmente– patines para patinar.
Sarita se despidió de su familia y, con sus amigas, esperó el autobús que las llevaría a la Montaña Nevada. Cuando el autobús llegó a ciudad de La Rosa ella y sus amigas subieron corriendo hasta la parte trasera del autobús. Hablaron y hablaron hasta que llegaron a destino. El paisaje era hermoso y hasta caía nieve, muy suavemente.
La profesora Clarisa ya les había dado el número de las habitaciones del hotel. A Rusy le había tocado con Marga, a Rita con Verónica y a Sarita le había tocado con Susana, un hada muy engreída y presumida.
Cuando estaban en el hotel, la maestra Clarisa pidió que fueran a sus habitaciones.
Sarita y Susana, al llegar al cuarto asignado (el número siete), pudieron comprobar que desde su ventana podían ver un paisaje estupendo y empezaron a sacar las cosas que habían traído. De pronto, Sarita se dio cuenta de que Susana empezaba a desempacar libros de hechizos, princesas, hadas, duendes, magos y encantamientos. Era muy extraño ver que su compañera de habitación había llevado al campamento más libros que ropa. Diez libros contra sólo dos conjuntos de ropa. Sarita pensaba que al ser Susana la más engreída y presumida de todas las alumnas de la escuela Cinco hechizos, no traería más que ropa, perfumes y demás objetos de aseo personal.
Siendo la hora del té, Sarita le preguntó a Susana si quería ir a comer galletas con chispas de chocolate, que le habían comentado que en un lugar las hacían muy sabrosas. Para su asombro, Susana le dijo que prefería ir a caminar a la Montaña Nevada, para poder leer tranquila uno de sus libros.
Tiempo después, mientras Sarita disfrutaba y se deleitaba de la buena elección que había hecho al elegir tomar el té con las riquísimas galletas, vio por la ventana de la confitería que Susana estaba a punto de caerse del risco más alto de la montaña. Sin pensarlo ni un instante, dejó lo que estaba haciendo y salió volando para rescatarla. Susana tenía las alas congeladas por el frío, y no pudo evitar la caída. Pero antes de tocar el suelo, Sarita tomó su mano y la salvó de una caída estrepitosa.
Sarita la llevó a la confitería del hotel, prendió la chimenea y le pidió a la señora que atendía la cocina que le preparara una jarra de chocolate caliente. Con todo esto, más el secador de pelo que le ofrecieron en el hotel para secarle las alas, Susana volvió a la normalidad.
Una vez repuesta, Susana –en agradecimiento– le contó a Sarita un cuento sobre hadas y encantamientos, uno de los tantos libros que había llevado. A partir de ese momento, comenzaron una larga, feliz y sincera amistad.
You need to upgrade your Flash Player to version 10 or newer.