DETRÁS DE LA HISTORIA Publicado en la interCole Nº 92 de Mayo 2015

Buenos Aires colonial

Buenos Aires colonial?

Imaginate levantarte a la mañana y no poder prender la luz. Ir a la cocina con la vela en una mano y un leño en la otra para encender un fuego y calentar la leche, si es que pasó el lechero. Y luego, subirte al caballo y galopar a la escuela sin llevar mochila, ni marcadores, ni lapicera… A la vuelta, nada de jugar con la compu ni hacer deporte. Que mamá ni sueñe con una heladera, un lavarropas y mucho menos un auto. ¡Y papá sin fútbol, sin tele y sin celular!
¿Querés hablar con un amigo para invitarlo a jugar? Tenés que ir caminando hasta su casa y volver temprano, porque cuando se haga de noche sólo la luz de algunos faroles en las calles te permitirá ver.
Seguro que vivir de este modo te resultaría muy, pero muy complicado. Pero exactamente así era un día cualquiera para los chicos y grandes en la Buenos Aires colonial, hace doscientos años. ¿Seguimos imaginando? Te invitamos entonces a dar un paseo por sus calles y conocer sorprendentes costumbres de aquel tiempo.


Los cafés

En su tiempo libre, la gente se reunía en los cafés. El más conocido era “el de Marco" (nombre referido a su dueño, el español Pedro Marco), que estaba a dos cuadras de la plaza de Mayo, en la esquina de las actuales Bolívar y Alsina (antes llamadas Santísima Trinidad y San Carlos). Tenía un gran salón con mesas y billares, y un sótano donde las bebidas se mantenían frescas.


Las tertulias

Otros vecinos se reunían de noche, en sus casas, con grupos de amigos. Allí, los que viajaban traían las últimas noticias. ¡Era la manera de enterarse lo que pasaba! La radio no existía, la televisión menos, ¡y ni siquiera había teléfonos! La comunicación con Europa era por cartas, que viajaban en barco.


La luz

Al caer la noche, las calles de Buenos Aires se iluminaban con candiles alimentados con aceite de potro o de bagual. Si había luna, se ahorraba el aceite y no los encendían. Lo mismo pasaba en el teatro: en las funciones de lujo se utilizaban velas (por eso recibían el nombre de "veladas") y en el resto… ¡a arreglarse con luz de luna!


El teatro

En los teatros no había tribunas: si alguien quería ver la obra sentado, ¡tenía que llevar su propia silla! Además, las mujeres que iban solas tenían una salita propia, para que no las molestara ningún caballero atrevido.


Los bailes

Algunos de los bailes preferidos eran la contradanza española, los valses y los minuetos.


La farmacia

La primera farmacia de Buenos Aires se instaló en 1770. Su dueño se llamaba Ángel Pica, y como no había laboratorios, él mismo preparaba todos los medicamentos en su botica.


La “heladera”

En el sector más fresco de la cocina había unos ganchos, de los que se colgaban fiambres, quesos y alguna que otra media res, que iban cortando y salando para que se conservara más tiempo.


¿Te sorprendió este paseo colonial? Lo que no debería sorprenderte es que grandes y chicos la pasaban muy bien en la Buenos Aires colonial, aunque doscientos años después nos parezca que les faltaban muchas cosas. No tenían ropa de marca, ni juegos electrónicos ni una bici nueva; pero disfrutaban de estar con la familia, jugar con los amigos, aprender en el cole y ser parte de la sociedad que estaba naciendo.
Porque en realidad, las cosas importantes fueron siempre las mismas.

Conocé la historia de nuestro primer Centenario de la Revolución de Mayo haciendo clic acá.

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Mataburros

Bagual: Un caballo que no ha sido domado.
Botica: Así se llamaba a las antiguas farmacias.
Minuetos: También llamado minuet o minué. Es una danza originaria de Francia.
Res: Toda la parte comestible del cuerpo de un animal.