DETRÁS DE LA HISTORIA Publicado en la interCole Nº 79 de Octubre 2013

El encuentro de dos mundos

El encuentro de dos mundos?

Algunos historiadores sostienen que los vikingos fueron los primeros en llegar a América a través del estrecho de Bering, que separa Asia de América a la altura de Alaska. Otros afirman la presencia anterior de habitantes de Groenlandia, en el año 985. Y hay también quienes aseguran que, navegando por el Océano Pacífico, el hombre llegó a América desde la Polinesia. Entonces, si todo indica que Colón no fue el primer hombre en arribar a América, ¿por qué es considerado su descubridor? Porque Europa era, en ese entonces, el Mundo Moderno, y cuando Europa descubría un nuevo destino, era ella la que integraba ese nuevo descubrimiento a la civilización.

 

¡Tierra!

 Algo muy importante comenzó a producirse cuando el 12 de octubre de 1492, después de 72 días de navegación, el marinero Rodrigo de Triana divisó tierra. Fue un acontecimiento que cambió la concepción que se tenía del planeta, y provocó algo que ni siquiera el mismo Colón había imaginado: la unión de dos mundos que hasta entonces no tenían conocimiento el uno del otro.

 El encuentro fue enriquecedor para ambos: América recibió un gran legado cultural, político y religioso; Europa conoció nuevos productos y abrió sus puertas a un intercambio amplísimo y muy provechoso.

Pese a lo positivo de este encuentro, la conquista y posterior colonización de los territorios americanos fue muchas veces una historia de violencia e injusticia. No todos los conquistadores eran respetuosos de los derechos de los indios, ni de sus costumbres y sus propiedades. En algunas regiones, existieron duros enfrentamientos que finalizaron con el exterminio de las poblaciones indígenas. En otras zonas, por suerte, existió una integración pacífica y respetuosa entre ambas culturas, que se beneficiaron mutuamente.

 

Otra época

 Para tratar de entender los hechos de la conquista de América no tenemos que olvidar el pensamiento y proceder del hombre de los siglos XV y XVI (¡hace 500 años!): la aceptación de la esclavitud, el sometimiento del más débil al más fuerte, la imposición de las ideas por la fuerza, etc. Y sobre todo, la ambición material, el egoísmo y la avaricia que son debilidades propias del hombre de toda época.

 En ese contexto, debemos entender el 12 de octubre como un hecho trascendente de la historia, valorando sus muchas consecuencias positivas: integró a América con Europa y el resto del mundo conocido; enriqueció el comercio, las artes, las ciencias y todas las manifestaciones de la cultura; y cinco siglos después, gracias a aquel acontecimiento, millones de descendientes de europeos vivimos pacíficamente en suelo americano.

 El 12 de octubre de 1892, al celebrarse el cuarto centenario del encuentro de estas dos culturas, un decreto de doña María Cristina de Habsburgo (reina de España) expresó la intención de instituir como Fiesta Nacional el aniversario del día en que Colón y sus carabelas llegaron a América.

 Años más tarde, reafirmando este propósito, fue instituido el Día de la Raza (hoy llamado Día de la Diversidad Cultural), para homenajear y afianzar la unión entre aquellos pueblos o países que tienen en común la lengua, el origen, la cultura o la religión, y que gracias a ello se enriquecen mutuamente.

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