DETRÁS DE LA HISTORIA Publicado en la interCole Nº 73 de Abril 2013

Jorge Mario Bergoglio: Francisco, ¿en qué piensas?

Jorge Mario Bergoglio: Francisco, ¿en qué piensas??

Estamos en la ciudad italiana de Asís, en el año 1203. Pedro Bernardone y su mujer, Pica, dos comerciantes de telas finas, se levantaron inquietos. Su hijo Francisco, de apenas 21 años, había partido.

“¿A dónde fue? ¿Quién seguirá con el negocio familiar?”, gritaba Pedro, mientras que su mujer, lagrimeando, ordenaba las telas. Francisco, por supuesto, ya estaba lejos para escuchar las recriminaciones.

 

Noble caballero

Francisco sentía que su misión era convertirse en un gran caballero, por eso marchaba en una gran caravana junto a sus amigos para defender los intereses del conde Gualterio de Brienne. Iba a la guerra…

De pronto, Francisco escuchó en su interior una pregunta: “Francisco, ¿en qué piensas?”. Se detuvo. Miró hacia todos lados, pero no vio a nadie que le hablara. Sus amigos estaban sumergidos en cuentos de caballeros, otros cantaban grandes hazañas.
Y escuchó otra pregunta: “¿No prefieres servir al caballero más noble de todos?”. “Sí”, respondió. “Entonces, volvé a lo de tus padres.”
Nadie había notado su quietud. Firme como una columna, observaba cómo su sueño caballeresco se alejaba. Las voces de sus amigos iban desapareciendo hasta dejar de escucharse. Había quedado solo, en medio del campo, escuchando los cantos de los pájaros y el silbido del viento.

 

El albañil de Dios

Al volver a Asís, tuvo que ocuparse nuevamente de los asuntos familiares. Sin embargo, no era el mismo joven de antes. Le gustaba pasar el rato en soledad para rezar y, cuando podía, se ocupaba de las personas más necesitadas. Un día, al pasar frente a una iglesia arruinada, decidió entrar a orar. Y, como ocurrió cuando iba a la guerra, la misma voz le dio una indicación: “Francisco, quiero que repares mi iglesia”. Francisco, con una alegría insuperable, salió corriendo dispuesto a reparar el edificio. Y, mendigando por las calles, logró conseguir dinero para esa iglesia y otras dos más.
Francisco había optado por una vida nueva de oración, ayuno, amor a la naturaleza (¡hasta le hablaba a los pájaros y a las plantas!) y pobreza extrema, imitando la vida del caballero más noble de todos: Jesús.

 

Todo está en Orden

La nueva vida de Francisco causó gran revuelo en la ciudad y ¡todos hablaban de él! “Está loco”, decían algunos. Sin embargo, muchos se unieron a su forma de vida desprendiéndose de los bienes materiales. Vivían de la caridad y de algunos traba¬jos, y llegaban a alimentarse sólo de los frutos que ofrecía la naturaleza. También se le unió una chica llamada Clara, que más tarde iba a formar la orden de las Clarisas.

Tal notable vida llegó a hasta la ciudad de Roma, lugar en donde se encontraba el Vaticano. Allí el Papa lo recibió y lo autorizó a formar la orden de los Franciscanos.

 

Ayer, hoy y siempre

Casi 800 años después, un nuevo papa se inspiró en su nombre y en su ejemplo de vida, y escogió el nombre Francisco para que lo acompañe a dirigir la Iglesia católica apostólica romana con sencillez, humildad y generosidad, como predicó el Santo de Asís.


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