LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 11 de Mayo 2006

Hugo Conte, un viejo grande

Hugo Conte, un viejo grande?

 

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



Antes de cualquier otra cosa, debemos hacer una confesión. Al fin podemos darnos el lujo de tener a Hugo Conte en interCole. Charla auténtica, imperdible, contundente, con quien por estos días (mayo de 2006) disfruta de otra vuelta olímpica y se abre, sin poses y con entera disposición, al contacto con los "dueños" de nuestra revista: los chicos, representados en este caso por las hermanas Emilita y Justina Hontakly (5° y 6° grado - Colegio Moorlands).

Su historia no se diferencia de la de muchos chicos, y algún grande también. Hizo mucha vida de club, al principio como nadador y después como jugador de cuanto deporte se le pusiera delante. Como vos y yo, como tantos otros. Fueron muchos años en la pileta, hasta que se cansó del olor a cloro, de ir siempre para adelante y para atrás, de estar siempre mojado. Y entonces, dejó el agua y buscó algo que lo divirtiera más. "Mi mamá (Celia), que jugaba al voleibol, insistió y me convenció para que probara los fines de semana. Desde ese primer día hasta que me federaron pasaron unas semanas. Y unos meses más hasta que probé también con el básquet, que me encantaba. Un tiempo más adelante, tuve que elegir para toda la vida y no dudé: siempre el voleibol fue lo que más me divirtió. Se convirtió en una pasión y en compañero de ruta de millones de kilómetros."

El jamás lo va a decir, porque la modestia es uno de los sellos de su personalidad, pero en el momento de tomar la opción voleibol o básquet, era una interesante promesa en ambos deportes. Obviamente está de más decir que la elección fue correcta. Un tercer puesto en el mundial de 1982; una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988; más de 25 años de trayectoria; haber sido elegido uno de los 25 mejores jugadores de toda la historia; y una vigencia que trasciende dos generaciones, son pruebas irrefutables del acierto. En sus 197 centímetros de altura no caben tantos reconocimientos, que a él parecen pasarle inadvertidos. "Lo que más rescato es que nunca perdí la esencia, jamás dejé de divertirme y eso explica, en parte, que hoy pueda seguir haciéndolo. Juego con el hijo de un ex compañero del seleccionado en los 80. Lo vi nacer, vi como le cambiaban los pañales, cuando le daban la mamadera, y hoy le dejo mi lugar en el equipo cuando me toca salir. Esa situación me pone en un lugar importante en el funcionamiento de cualquier grupo. Sé que transmito experiencia, más que de la parte técnica, de la humana. A veces alguno me pregunta cómo se hace algo, o cómo responder en determinada situación; en ese plano prefiero que se acerquen. En el otro, el vivencial, tomo la iniciativa, me gusta hacerlo. Hablo de transmitir compromiso, entrega, porque son cosas que sirven para un partido y para la vida. Hay que ser perseverante, hay que ser valiente para bancarse los momentos adversos. En esto me gusta ser más viejo y poder ayudar, como alguien lo hizo conmigo tiempo atrás. Siento que ellos se apoyan en mí, que confían...”

¿Qué virtud destacarías por sobre otras en un deportista?

La misma que para cualquier persona: la entrega. Cuando vos ves que tu compañero se entrega, no podés reprocharle nada. Y cuando sos vos el que deja todo, es lo mismo. En este marco, el resultado es un accidente y se puede aceptar mejor cuando no es favorable. La humildad también es imprescindible: aunque vos des el 100 %, el otro puede ser mejor.

¿Y en el marco de un grupo, qué destacás?

El compañerismo es lo que te permite aceptar la limitación de quien está con vos, persiguiendo el mismo objetivo. Si sale bien o mal importa menos, cuando estás convencido que el de al lado intentó lo mejor. Y mirándolo al revés, es el compañerismo lo que te va a empujar a dejar todo por el otro, porque sabés que el otro también lo hace por vos.

Hugo es un tipo de su casa, que vive y disfruta mucho en familia. En algún momento de su vida decidió cortar el beach volley porque los múltiples viajes lo alejarían de Facundo, Camila y Manuela, sus tres hijos, y de Sonia, su mujer, a quien destaca como “un fenómeno, también en la cocina”. Le gusta comer sano, siempre lo ha hecho. Cambia su expresión cuando le toca referirse a los suyos, se le nota. Habla italiano y francés. Y ha ganado mucho: a lo destacado al principio hay que sumarle un campeonato en Francia, el título de Europa con Parma, seis ligas en nuestro país, entre ellas las dos últimas (mayo 2006). ¿Últimas dije? Quién sabe... "Hoy no lo sé, lo tengo a Facundo cerca de poder jugar conmigo, en el mismo equipo. No es lo único pero es algo muy importante a la hora de tomar una decisión. La verdad es que poder compartir un vestuario y un partido con mi hijo sería una bendición tan grande como la que he vivido durante todos estos años. A los chicos les digo que está bueno intentar hacer lo que nos gusta. Si logran vivir haciendo lo que les gusta, van a ser felices. En el caso del deporte como medio de vida es divertido, sano, formativo. Es una bendición.”

¿Tenés otra cosa para decirles a los chicos?

Que siempre que puedan elegir, elijan estar con buena gente. En un equipo es fundamental que técnico y jugadores sean buena gente. Es inevitable golpearse contra la pared para aprender, es imposible no sufrir en el camino. Pero si uno esta rodeado de buena gente, es mejor. Todo es más fácil, menos dramático, trae menos consecuencias. No siempre se puede elegir, pero cuando dependa de ustedes, elijan buenos tipos.

¿Y del colegio, les decís algo?

Primero les cuento que era buen alumno hasta quinto año. En ese momento, viajaba tanto que me quedé libre y lo tuve que hacer dos veces, así que después sabía más que todos. Lo otro, esto más serio, que aprovechen cualquier oportunidad de estudio, porque es una chance de aprender. Me acuerdo que cuando tenía francés en el colegio, no entendía para qué me podía llegar a servir, y la respuesta la tuve enseguida. Meses después de egresar, me fui a jugar a... Francia. Así que estudien, estudien y estudien. Aunque no entiendan ahora para qué, estudien que van a entender más adelante.

Así son las cosas, chicos, todo tiene un final, todo termina...ya van a escuchar la estrofa. Y la charla con este monstruo del deporte argentino y mundial, también termina. La sensación es repetida, ocurrió con varios de los grandes que estuvieron en la revista. Ojalá tuviéramos más tiempo y más espacio, la pasamos tan bien... En el cierre, como siempre, un agradecimiento escrito: Hugo, gracias por el tiempo, por el ejemplo, por los valores, y por esta medalla dorada que significa tenerte en interCole. Hasta la próxima.

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