LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 2 de Mayo 2005

Hugo Porta, el SEÑOR RUGBY

Hugo Porta, el SEÑOR RUGBY?

 

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



Los privilegiados protagonistas del encuentro fueron Benjamín Aleman; Federico Gallo; Agustín Gándara; Patricio Larosa; Agustín Monteverde y Gonzalo Villar. Más allá de que algunos de ellos ni siquiera habían nacido cuando él se retiró, por la sola mención de Hugo Porta ya la banda estaba ansiosa. Pero la cosa fue muy sencilla: llegar al lugar indicado, presentarse, saludar, estrechar la mano de otro Nº 1, y escuchar…

“Créanme que navegamos en el mismo barco. Obviamente soy bastante más grande que ustedes, de hecho cualquiera podría ser mi hijo, y hace rato dejé la práctica activa pero el deporte ocupó, ocupa y ocupará un lugar importantísimo en mi persona. En la vida, uno siempre busca desafíos, que van variando de acuerdo con la edad. Cuando era bien joven, mi objetivo era jugar en la primera de mi club, Banco Nación. Después llegar a Los Pumas. Más tarde mejorar en cada partido. Todo esto se dio en un marco de permanente aprendizaje dentro de una cancha; ese aprendizaje que enseña lealtad, amistad, respeto y control. Es cierto que hay un referee y una serie de reglas pero siempre es uno el que debe ponerse los límites. Uno es el que decide no patearle la cabeza al que está en el piso, más allá del referee y las reglas. Estoy convencido que uno se autolimita y por eso no creo en eso del buen tipo afuera de la cancha que se transforma cuando entra. No. Los límites son imprescindibles y son claves en el proceso de aprendizaje. Es más, se puede aprender porque se escucha y se toma la experiencia de los más grandes, o porque vivís las cosas y te pegás contra la pared. De cualquiera de las dos formas es el límite el que te enseña y te forma.”

¿La primera impresión vale doble? Hugo impresiona porque tiene claro lo que dice y porque lo dice con claridad. Conclusión: mensaje doblemente claro. Y Hugo sigue.

Cuando dejé de jugar me surgieron un par de “sorpresas". Haber sido embajador y secretario de deportes fueron dos vivencias que me obligaron a capacitarme, aprender, luchar, trabajar en equipo en algo distinto de un juego, y a escuchar. Tuve que armar un grupo (Porta fue el embajador cuando se reestablecieron las relaciones diplomáticas con Sudáfrica), tuve que sostener a ese grupo y fundamentalmente, tuve que escucharlo. Aquel que conduce, como un capitán dentro de la cancha, debe ser el que menos habla y el que más escucha. Con respecto a esto, cuando veo videos en los que estoy gritando antes de empezar un partido, me da cierta vergüenza, porque el capitán en algunas situaciones arenga pues el equipo necesita eso, y en otras lo hace sólo por el hecho de mostrarle a todos los que lo ven, que hay alguien con autoridad. Y eso no es bueno.

Silencio absoluto. Teléfono desconectado, puerta cerrada, orden de "no estoy para nadie" y tiempo ciento por ciento dedicado a interCole que, elemental Watson, aprovechamos al máximo. Siguiendo los consejos del Gran Capitán, seguimos escuchando.

“La vida te va marcando etapas diferentes que hay que vivir con total intensidad; y también, por lindas que sean, hay que aceptar que se terminan. Ser el apertura de Los Pumas y buscar ser el mejor del mundo en mi puesto, son cosas que marcaron un momento en mi vida que ya terminó. Ese momento pasó y sería estúpido pretender prolongarlo. Hoy ya no juego, ya no soy embajador ni secretario de deportes. Hoy sigo siendo marido, padre, sigo trabajando como cualquier persona, y sumé el desafío de la Fundación Laureus que me pone en una situación inédita para mí. Sea por el deporte o por la función pública, estuve muy expuesto durante varios años, pero jamás necesité pedir. No sabía cómo era.  Tuve que empezar de cero. Formar parte de la Fundación me obligó a buscar proyectos y, también, a buscar la plata que los hiciera posibles. Hoy tenemos una iniciativa en La Cava y otra en Mendoza, y créanme que visitarlas y verles la cara a los chicos me carga la energía para encarar a los empresarios y convencerlos de poner unos billetes...”

¿Es el final? No, aunque se acerca. El mediodía asoma y ya algunos miramos el reloj. Incluso el estómago reclama atención pero casi en simultáneo con un amague de agradecimiento, surge un par de conceptos más...

“Sería bárbaro recuperar modelos. Tipos que deportiva y humanamente sean inapelables. Eso genera contagio y  deseo de imitar en los más chicos. Pero se busca y hay poco. Es más, a mí me encantaría que en la Fundación, que hoy integramos 40 ex deportistas (el número llegará como máximo a 50) hubiera otro argentino. Pienso en alguien muy groso en su disciplina con un buen perfil humano. Y me cuesta. Hace unos días, cuando Miguel Indurain (ciclista español miembro de Laureus) estuvo en el país, fuimos a un programa de televisión y llamó Maradona. A Diego, más allá de todos sus problemas, lo sigo viendo como un tipo con un gran potencial para estar con nosotros. Él, con la historia de vida que tiene, si mantiene su recuperación, si sostiene su mejoría, puede ser una persona sumamente valiosa para influir en los chicos. Nadie estuvo más alto que él, pocos cayeron en el abismo tan profundo como él, y nadie llegaría tanto a chicos de La Cava o del proyecto Mendoza como Diego. Ojalá Maradona, que ya sintió esa sensación muchas veces, recupere la satisfacción que te da apoyar a los demás. Creo que él, todavía, está a tiempo de ser un gran ejemplo. Ojalá lo logre algún día...”

Ahora sí el tiempo terminó. El reloj nos muestra que 80 minutos pasaron volando. Quedan en el tintero un montón de temas, de preguntas, de inquietudes y anécdotas que bien pueden esperar. Sabemos que habrá una segunda vez entre Porta e interCole porque, como dijo Hugo al principio, navegamos en el mismo barco. Dispuestos estamos, Gran Capitán, a ser parte de sus marineros.

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