LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 1 de Abril 2005

Lucha Aymar, una N°1 entre nosotros

Lucha Aymar, una N°1 entre nosotros?

 

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



Podemos jugar con las palabras y decir que, para nuestro número 1, necesitábamos una número 1; y Lucha (así pidió que la llamemos) es justamente eso. La número 1 del hockey mundial femenino, que por suerte es argentina, tiene claro que su figura trasciende el palo y la bocha. Sabe, lo aprendió hace ya unos cuántos años, que muchos, además de mirarla, la observan. Así lo hicieron Rosario Morad; Delfina y Belén Orlando; Pilar Racedo; Rosario y Teodelina de la Torre; Josefina Gibrat y Florencia Tarasido, privilegiadas protagonistas de interCole que, en el Cenard, a pleno sol y a fuerza de preguntas, la pusieron contra la red...

¿Cómo es la vida de una Leona?

Es muy linda y nada fácil a la vez. Tiene innumerables alegrías y también, como en todo deporte amateur, se necesita mucho esfuerzo y sacrificio. Piensen que entrenamos cuatro veces por semana con el seleccionado, más tres veces con el club, y además jugamos los sábados... Les juro que no es sencillo, a veces te sentís cansada...

¡Te queda muy poco tiempo libre!

Queda muy poco tiempo para, por ejemplo, la familia. A mis viejos y a mis hermanos (Cynthia, Fernando y Lucas) estoy acostumbrada a verlos poco. Antes de instalarme en Buenos Aires para jugar en Quilmes, de lunes a jueves vivía en el Cenard, y esa vida la hice desde que jugaba en juniors...

Eso fue en 1993. Desde entonces Lucha ha sido moneda corriente en los seleccionados. En la mayor debutó en 1995, con sólo 17 años. Como junior fue N°3 en el Mundial de Corea 1997. Y desde 1998 nadie se atreve a sacarle la número 8.
"En realidad juego de enlace aunque en los últimos años hubo que ir cambiando todo el tiempo porque los equipos aprenden a marcarte. Ahora me tiro más atrás, casi como doble cinco, y puedo arrancar bien de frente al arco contrario.”

Vas a cumplir 28 años. Ya fuiste campeona mundial (Perth 2002), tenés en tu casa dos medallas olímpicas (plateada en Sydney 2000, de bronce en Atenas 2004) y dos veces fuiste elegida la mejor jugadora del mundo. ¿Lo soñaste alguna vez?

Ni ahí. Me acuerdo que de chica me sacaba fotos con Vanina Oneto pero jamás jugué pensando en estar en un seleccionado. Yo empecé porque mi hermana insistió para que lo hiciera. Me enganché enseguida con el tema de jugar con amigas, algo que en casa siempre nos inculcaron. No es lo mismo hacer un deporte individual (jugó al tenis hasta los 18 años) que estar en un grupo. En cualquier deporte de conjunto, como el hockey, las experiencias son diferentes, aprendes a ceder, sumás amigos, conocidos, te relacionás muchísimo con gente distinta...

De todas estas cosas, ¿resaltás alguna especialmente?

Sí, la responsabilidad de integrar un grupo y la entrega y solidaridad que se necesita. A veces es más fácil esforzarse por una compañera que por una misma...

Y de las dos veces que te eligieron la mejor del mundo (2001 y 2004), ¿cuál te gustó más?

Dejame decir que nadie puede destacarse sin el aporte de sus compañeros. No hay logro individual posible sin el otro. No hay centrodelantera goleadora sin un wing que tire los centros. No hay quien pegue los cortos si otra no los sirve. Y no hay Lucha Aymar ni Ceci Rognoni elegidas como mejores del mundo si el resto no pone todo. Volviendo a la pregunta, me gusto más la segunda vez que recibí ese premio... Porque fue en mi país, en mi ciudad, en mi club. Estaba mi familia, estaban mis amigas, estaba todo ese público único... La verdad, la primera vez estuvo buena pero ni se puede comparar con la segunda...

La charla lleva ya 25 minutos pero no hay apuros. Lucha sabe que ser Leona implica tiempo "extra" al entrenamiento. Y quienes la conocemos hace tiempo, sabemos varias cosas más: "Soy muy llorona con las películas, sí. Lloro bastante, como cualquiera de ustedes. Y también como cualquiera de ustedes, me sacaba alguna mala nota y me ligaba mis retos. Me acuerdo de los sermones de papá cuando volvía tarde de algún lugar. Yo era re-independiente y no me gustaban los límites. Esos mismos límites que hoy agradezco haber tenido...”.

Muchas de esas cosas las decís con nostalgia. ¿Cambiarías alguna?

Sí, mi viaje de egresados. Fuimos a Bariloche en 1995 y nos divertimos un montón. Pero si pudiese hacerlo de nuevo, tomen el consejo, dormiría más de noche y viviría más de día. Hoy siento que por ir a bailar todas las noches me perdí muchos días de esquí...

Aunque las chicas no la vean, detrás de ellas otra leona, Mariana González Oliva, hace señas. Espera por Lucha y Lucha debe irse. El almuerzo primero y el entrenamiento con Quilmes, su nuevo club, forman parte de la agenda del día. Pero Lucha todavía tiene un rato para interCole.

¿Y ser Leona que significa?
Es como si tuvieras una segunda familia. Nos divertimos, somos amigas, disfrutamos un montón. La convivencia es muy buena, muy fácil, porque nos llevamos bárbaro.

¿Te acordás cómo nació lo de Leonas?
Sí, es imposible de olvidar. Antes de los Juegos Olímpicos de 2000, hablamos de llamarnos de alguna manera y pensamos en encontrar un animal con las características de nuestro grupo. Hicimos una reunión en la que cada una decía una virtud del grupo y elegimos a la leona como el animal que mejor nos representaba...

¿Y te acordás qué dijiste vos?

Sí, destaqué la entrega. Una leona se entrega a full, como nosotras...

A full estamos todos escuchando a este monstruo del deporte mundial que tiene que irse. Ya dijimos, la espera más entrenamiento pero antes un buen almuerzo. Almuerzo con bife, con ensalada, con agua sin gas y con postre. Eso sí, poco postre, porque la número 1 también engorda. Como vos. Como nosotros.

 

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