LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 64 de Abril 2012

Oveja y pastor

Oveja y pastor?

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



Entrenador de varios equipos, multicampeón en la Liga Nacional y medalla de bronce con la selección argentina en Pekín 2008… Una charla con Oveja es una inmejorable oportunidad de aprendizaje.

 
      –Sorprende saber que aún no cumpliste los 50 años y que hay que ir hacia atrás más de 30 para encontrar tus inicios como entrenador…
      –Más allá de números y edades, fue una situación que se ha dado varias veces. Yo estaba mirando una práctica porque me enloquecía el básquet, faltó una persona, me pidieron una mano, la di, y nunca más lo dejé. El club quedaba a dos cuadras de casa, pasaba ahí buena parte del día y me di cuenta de que amaba el básquet. No es raro lo que pasó.
      –¿Te volvías loco por el juego?
      –Inicialmente, sí. Al poquito tiempo ya había descubierto que, además, me fascinaba poder transmitir conceptos, relacionarme con la gente, inculcar cosas en los chicos, dejarles enseñanzas para ser mejores personas y no sólo mejores jugadores. Para mí, el deporte es la mejor herramienta educativa que existe. Las materias del colegio te instruyen para manejar números, idiomas, conocimientos varios. El deporte te enseña a respetar reglas, roles, a ser generoso y solidario. Siempre intenté que mis equipos, de chicos o de grandes, se comportaran como todos sabemos que hay que comportarse y como muchas veces no nos portamos al andar en grupo.
  
Un verdadero profesional  
      –¿Encontrás factores comunes entre aquel joven que entrenaba chicos y este hombre que maneja equipos profesionales?
      –Hay varios. Entusiasmo, motivación y compromiso para las cosas son premisas que aplican a cualquier actividad y a todos los niveles. Sea en deporte o en estudio, es lo mismo. Si estudiamos para mamá y papá, solo pasaremos un examen. Si lo hacemos para nosotros, porque nos gusta o estamos convencidos, vamos a aprender. Aprobar y aprender, créanme, son cosas muy distintas.
      –Tu vida profesional se desarrolló en diferentes lugares del país, e incluso en el exterior. ¿Cómo se pueden llevar adelante tantas adaptaciones?
      –La primera condición es que me apasiona lo que hago, sin esa pasión no hubiese dejado mi lugar para vivir lejos de mis afectos. Y la segunda es el apoyo de mi familia; y de manera especial, de mi mujer. Cuando nosotros íbamos y veníamos, nacieron nuestros gemelos (ya empezaron la facultad) y mi mujer estaba obligada a empezar una vida nueva cada tres o cuatro años. Para poder hacerlo es imprescindible tener paciencia y amor, mucho amor. No hay otra forma.
 
Sueño olímpico
      –A poco de los Juegos de Londres te pido que resumas el significado de “ser olímpico”…
      –Sacando el nacimiento de mis hijos y mi casamiento, fue la mejor experiencia de mi vida, y no hablo solo del plano deportivo. A nivel social, humano y deportivo no viví otro acontecimiento de esa magnitud. Cuando entré a la villa percibí al instante que todos los deportistas, imaginate al que quieras, vuelven a sus 10 años. El genio vuelve a ser chico. Es así. Se integran a una familia gigante, son 10.000 personas en una atmósfera de pureza deportiva absoluta. A veces deberíamos hacer el ejercicio de tomar el diccionario y leer qué significa deporte. En los Juegos Olímpicos reafirmás ese significado.
      –¿Y ese significado se puede transmitir?
      –Sí. Muchas veces les inculcamos a los chicos y no tan chicos que tienen que ser los mejores y, realmente, es muy difícil que algún chico argentino vaya a ser mejor que Messi o que Ginóbili, o que el mejor de cada deporte. Así los estamos entrenando para que terminen frustrados. Debemos enseñarles que si les gusta mucho el deporte, deben intentar ser lo mejor que cada uno pueda. ¿Y sabés una cosa? En el juego olímpico todavía hay lugar para estar contento aunque no ganes.
      –¿Te dio nostalgia que terminaran?
      –Cuando se acercaban los últimos días, ya sentía lo mismo que siente un chico cuando se le terminan las vacaciones. De tanto que los disfruté, sentía que estaba de vacaciones y que debía volver a trabajar. Para mí fue un Disney deportivo para adultos, aun con la presión de obtener un buen resultado, porque esa selección argentina así nos obligaba.
 
      Ya falta poco, cada vez menos. Los anillos, la antorcha, la llama y los mejores volverán a ser protagonistas exclusivos del deporte mundial. Será el momento en que Sergio “Oveja” Hernández, aunque esté en Londres, vuelva a sentirse un niño, entre Mickey, Pluto y Pato Donald.
You need to upgrade your Flash Player to version 10 or newer.