LA ENTREVISTA Publicado en la interCole Nº 4 de Julio 2005

Paola Suárez, la chica del tenis alegre

Paola Suárez, la chica del tenis alegre?

 

Por Alejandro Klappenbach (especial para revista interCole)



Por suerte los caminos de Paola e interCole se unieron, y fue nada menos que en Roland Garros, donde la número uno del mundo en dobles ganó su cuarto título del Abierto de Francia. En París pudimos darnos el gusto de preguntarle un poco y escuchar mucho de alguien que tiene claras varias cosas y que disfruta recordando.

“Del colegio me acuerdo más de la primaria que de la secundaria. Íbamos caminando en Pergamino, recolectando a los compañeros que vivían en el camino. Eran como 15 ó 20 cuadras de tocar timbre para que se fueran sumando. Hice hasta primer año, después me mudé a Buenos Aires y terminé ahí."

Pero sigue siendo “la Negra de Pergamino”, y es la misma que hace tres años integra la mejor dupla del mundo, la misma que en individuales también la rompió hasta llegar a ser una de las top-ten del circuito femenino. Por todo esto, quizás quienes no la conocen puedan creer que es alguien excepcional. Nada más errado. Nadie más simple y terrenal que Paola.

“Siempre fui muy familiera, muy de mis amigas. Hice mucha vida de club, mis horas transcurrían ahí adentro, mis amigos estaban ahí y nos movíamos juntos a todos lados. El tema es que los tiempos eran otros, Pergamino era un lugar distinto del que es hoy. Había cero peligro, podíamos ir de acá para allá sin preocuparnos. Fueron años muy lindos porque también éramos muy independientes. Y además, la vida era más sana. Más deportes, más amigos, menos jueguitos electrónicos..."

También mucha bici...

Sí, y mucha caminata. Mis recuerdos son más de ir caminando a todos lados, aunque la bici, obviamente, está presente...

Pero la bici forma parte de una frustración de chiquita...

(Se ríe) ¡Sí! ¡No sé cómo supiste eso pero es verdad! Si había una cosa que yo quería era una bicicleta de carrera, de caño tranversal, de mujer, y rosa. Era lo que más quería en el mundo cuando tenía 8 ó 10 años. El tema era que en casa no me la podían comprar, pero yo no lo entendía... no podía entender que no pudiera tenerla. Ahora forma parte de un recuerdo casi gracioso que me enseñó un montón. Ahora sé que siempre va a haber cosas que no vas a alcanzar aunque te rompas el lomo. Habrá un partido que no vas a ganar aunque te entrenes 600 horas. Habrá una decisión que no puedas cambiar aunque lo intentes 600 veces. Mis padres se esforzaban un montón y sin embrago no podían darme la bici. Costó, dolió en su momento, pero hoy es una gran enseñanza.

Se puede decir que fue una de las muchas enseñanzas que recibiste en tu casa...

Sin dudas. En términos generales en casa mamé mucho a nivel humano. Para nosotros eso es lo más importante en una familia. Hoy yo soy una jugadora conocida pero mis padres y mi hermano cuando llaman se interesan por otras cosas. Por supuesto que preguntan por el resultado, pero la charla jamás gira en torno a eso. Ellos, desde el primer día, se han fijado e interesado en mi persona, en cómo estaba, cómo me sentía, qué necesitaba. Por eso siempre me costó salir de casa. En realidad me sigue costando. Ya estoy grande y no me pongo a llorar pero no es algo ni lindo ni fácil...

¿Sos de lágrima rápida?

Sí, rapidísima. La primera vez que viajé con el tenis, fue a una gira por Europa, a los 14 años, durante 6 semanas. Los primeros tres días lloré todo el tiempo, me quería volver, extrañaba como loca...

¿Se puede decir que tu familia te dio pilares sólidos?

Exacto. Trabajo, esfuerzo, honestidad. Por suerte siempre me apoyaron y acompañaron. Y a la vez me enseñaron. A ellos nada les resultó sencillo, todo costó mucho. Entonces cuando vos lo ves siempre en tu casa, todos los días, lo tomás y lo hacés propio. Mi carrera es todo trabajo, todo sudor, no tengo el súper golpe o el mejor saque. Es lucha, lucha y más lucha. Y como yo lo viví día a día en casa, me resultó más sencillo. Este principio vale para cualquier actividad, sirve para el deporte, para el estudio, para el trabajo, para el crecimiento, en la infancia, en la adolescencia...

La charla inevitablemente se detiene un par de veces. No es que no resulte interesante, todo lo contrario. El tema es que Paola es número 1 del mundo y todos la conocen. Pasa uno y saluda, pasa otro y hace un chiste. La sensación es que ella vive en un ambiente aparte, menos cercano a palabras como competitividad, individualismo, egocéntrismo. Pero parece, sólo parece.

“El tenis es súper individualista, es muy competitivo y cada uno tira para su lado. Al principio lo sufrí mucho, pero con el tiempo tuve claro de quién podía ser amiga en serio y con el resto tomé una especie de resguardo. Acepté algún mal modo o que alguien quiera hacerme trampa y robarme un punto. Es como que con el tiempo aceptás lo que no compartís. Esta ahí, ocurre, pero vos lo hacés de otra manera...Uno ve que los chicos muchas veces toman como ídolo a aquel que gana y para mí un ídolo es otra cosa. Es Guga Kuerten, es Kim Clijsters, personas que humanamente son increíbles. Nunca creyeron que por ser los mejores jugando al tenis se podían llevar el mundo por delante. Ellos pueden ser un gran ejemplo."

¿Sos agradecida? Quizá con el pasado que tuviste, resulte algo muy natural....

Sí, soy poco demostrativa pero muy agradecida. No me cuesta y me encanta decir gracias.

¿La inquietud que tenés de crear una Fundación y un comedor para los chicos, es de ahora o de toda la vida?

Es de siempre, desde chica vi que aunque en mi casa no había demasiado mis papás ayudaban. Mamé eso y lo hice desde que tengo memoria. Con ropa, con raquetas, con remeras de una súper tenista. A mí no me cuesta nada pedirle a éste o a aquel una remera o una raqueta. Y tengo claro que con eso, sólo con ese poquito tiempo que me lleva, se puede lograr un montón, sea recaudando plata en una subasta o generando una sonrisa en alguien que tiene pocas cosas que lo hagan sonreír. Siempre trato de ayudar. No me olvidé lo duro que es. Yo no viví una posición extrema, la mía fue difícil, y me acuerdo lo lindo que era, lo bien que me sentía cuando alguien me ayudaba. Bueno, ahora puedo generar lo mismo estando del otro lado.

¿Qué te gustaría de vos para dentro de 10 años?

Me veo mamá de muchos hijos. Me encantaría estar radicada en un lugar, sin aviones ni viajes en el medio, formando mi familia, con muchos chicos, sí. Seguro que disfrutaría de mis afectos desde otro lugar, con otra frecuencia, con más contacto.

Quien firma la conoce a Paola desde hace ya varios años, pero sólo desde hace un par, por diversas circunstancias, ha tenido un trato más frecuente. Ella es así. Todo lo que dice lo siente, le nace. Su vida transcurre sin posturas, sin poses, sin frases convenientes o circunstanciales. Y no tiene problemas en disponer su tiempo para interCole. Cuando le pedimos la nota accedió. Cuando vio la revista y se enteró que era para chicos, sonrió. Cuando descubrió a lo que apuntamos, volvió a sonreír. Le gusta. Y lo hace seguido.

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