PEQUEÑAS BIOGRAFÍAS Publicado en la interCole Nº 16 de Octubre 2006

James Matthew Barrie: El hombre que creció… sin quererlo

James Matthew Barrie: El hombre que creció… sin quererlo?

Solía salir a pasear con su perro por los jardines de Kensington (Londres), donde le gustaba pasar su tiempo con los niños, observando sus juegos o contándoles historias. A los chicos les atrapaban sus relatos y les fascinaba el hombrecito (medía 1,50 metro) de gran bigote.
Una de sus pequeñitas admiradoras tenía 4 años y se llamaba Margaret. Ella llamaba a Barrie “my friendly” (mi amigo), pero como todavía no pronunciaba del todo bien, a veces sonaba como “fwendy” o “wendy”. Allí surgió en la mente de James un nombre que pasaría a la historia…

 

Vecinos, amigos e inspiradores
Otros de sus oyentes habituales eran los hermanos George, Michael y Peter Davies. James se hizo muy amigo de los padres, un bondadoso matrimonio, y cuando ellos murieron se hizo cargo de los chicos. Fueron los hermanos Davies los primeros que escucharon las historias orales, inventadas en el momento, de quien luego sería el famoso Peter Pan. De hecho, el nombre del personaje es por Peter Davies, y Pan es el dios griego de los bosques y la naturaleza, mitad niño, mitad bestia, muy juguetón y que nunca envejece. No por casualidad, tampoco, Peter Pan reside en los jardines de Kensington.
Tras haberla contado oralmente a los niños, James escribió la historia que se estrenó como obra de teatro el 27 de diciembre de 1904 en Londres. Fue un éxito absoluto.
Luego Barrie adaptó esa pieza teatral y la convirtió en el cuento que fue publicado en 1911 con el título “Peter y Wendy”, que con los años se transformó en “Peter Pan”.

 

"Todos los niños crecen, menos uno..."
Así comienza la maravillosa aventura en la que Wendy, John y Michael, junto con Peter Pan y Campanita, vuelan al País de Nunca Jamás, donde conocen a los Niños Perdidos, a las hermosas sirenas de la laguna, a los pieles rojas, y a los terribles piratas, capitaneados por el malvado Garfio. Seguramente sabés de qué estamos hablando, pero… ¿la leíste? Si la respuesta es sí, habrás comprobado que esta novela inmortal tiene magia, fantasía y diversión hoja tras hoja, y que leerla es como adentrarse de verdad en ese mundo mágico y lleno de aventuras. Si viste alguna peli pero no leíste el libro, no te preocupes, nunca es tarde… Una experiencia inolvidable te está esperando, que incluso podrás compartir con papá y mamá porque la historia también es la de su infancia. Si es la misma historia que James Barrie les contaba a los chicos Davies en el parque, hace ya 100 años…

 

Todo por los chicos
El cariño de J.M. Barrie por los chicos no se traduce sólo en las creaciones de su imaginación, sino en acciones muy concretas que reflejan su inmensa generosidad. En 1929, ocho años antes de morir, el escritor donó todos los derechos futuros de Peter Pan (que ya era un éxito universal) al hospital pediátrico Great Ormond Street, en Londres. El hospital de niños recibe regalías por los libros, las películas, las obras de teatro o cualquier producto inspirado en Peter Pan. Así, el niño que no podía crecer está ayudando a muchos otros niños a que sí puedan hacerlo.

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