RECUERDOS DE MAMÁ Y PAPÁ Publicado en la interCole Nº 77 de Agosto 2013

EL MUNDO EN FIGURITAS

EL MUNDO EN FIGURITAS?

En la era de las compu y las consolas, quizás no sientas el enorme placer que causaba coleccionar figuritas. Podían pasar un año esperando que apareciera la más difícil para completar el álbum, pero... ¡cómo se divertían con ellas mamá y papá!

 

Cuando tu papá y tu mamá iban al cole, las figuritas eran simplemente eso, ¡figuritas!: fútbol, autos, personajes de historietas, superhéroes, historia, animales... ¡lo que se te ocurra! Y podían ser de cartón, autoadhesivas, con brillantina o perfume, y hasta ¡de chapita!

Las que hacían furor entre los chicos eran, sin dudas, las redondas de fútbol, con la cara de los jugadores de la época (de Ermindo Onega y Roma, a Kempes o Bochini, pasando por la “imposible” del Mundial ´74 que era Mukombo, de Zaire) y que servían para los juegos más divertidos. Como siempre, además de usarse para jugar, se coleccionaban en los álbumes; pero completarlos era una verdadera proeza, y quizás tu mamá o tu papá casi nunca lo lograron… Y si lo hacían, seguro que lo guardaron en un cajón durante años. ¡Preguntales!

 

 

Las repes, las difíciles y… Rojitas

En la década del 70, los varones pasaban sus días con las figus “Campeón”, las “Sports” y las “Chapitas”. Había que verlos a papá y sus amigos con los bolsillos llenos de esos tarjetones intercambiando las repes (repetidas). Era fácil reconocer a los fanáticos de coleccionar figuritas: los bolsillos del pantalón o el guardapolvo explotaban con pilonazos de figus. Había figuritas que todo el mundo tenía. Pero las que realmente importaban eran las “difíciles”, esas casi imposibles de conseguir. Encontrar una que se buscaba desde hacía mucho tiempo era motivo de fiesta. ¡Un verdadero trofeo, imaginate! Tanto, que se llegaba a cambiar una sola figu por un pilón entero (con 100 o incluso más).

A fines de la década del 60, Ángel Clemente Rojas (Rojitas), un habilidoso delantero de Boca, se había transformado en el terror de las defensas contrarias y… un problemón para los coleccionistas de figus, ¡porque nadie conseguía la que tenía su cara! Un montón de álbumes sin llenar dormían en los cajones, ¡y todo por culpa de Rojitas!

 

 

Esperando las visitas…

Las mujeres recién empezaron a coleccionar figuritas cuando aparecieron las series de televisión. Hasta ese momento sólo jugaban con las llamadas “antigüitas”, que estaban llenas de brillantinas de colores. Las chicas las usaban para decorar sus cuadernos o alguna revista Selecciones del abuelo. Siempre había una tía bondadosa que cuando llegaba de visita repartía paquetes de figus para los chicos de la casa. Y al abrirlos, se sentía una mezcla de alegría y desilusión, a medida que aparecían las esperadas pero también las repes.

Desde los 70, las revistas empezaron a venir con figus, y así aparecieron las colecciones de autos de Billiken y los animales de Anteojito. Ahora, es más común que los kioscos se llenen de álbumes relacionados con series de tele o las películas que se estrenan. ¡Pero desaparecen enseguida, para darle lugar a otro de una peli más nueva! Y los jugadores de fútbol cambian tanto de club, que las figus de fútbol tampoco sirven por mucho tiempo… Antes, en cambio, la paciencia para conseguir las difíciles podía durar tranquilamente todo el año... Un montón de tiempo, es verdad, ¡pero qué divertido!

 

¡A jugar con las figus!

Los recreos eran un poco más tranquilos cuando todos jugaban a las figuritas. Además del intercambio de fichus, había grupitos repartidos por todo el patio jugando de distintas maneras. Había tres juegos clásicos: La “tapadita”: se ponía la figu en el piso con la cara hacia abajo y con un golpe de mano abierta se intentaba darla vuelta. El que lo conseguía, se la quedaba. Este era casi el único juego para las figuritas rectangulares.

El “espejito”: se apoyaba una figurita contra la pared, y desde cierta distancia había que tirar con una redonda a pegarle y voltearla. El que lo lograba, se quedaba con todas las que se habían arrojado.

La “carrera”: se ponían varios jugadores en hilera y lanzaban su figu a la vez. El que tiraba más lejos, se quedaba con todas las arrojadas. Si no había mucho espacio, se jugaba a quedar más cerca de una pared. En este último, a veces pasaba que una simple discusión sobre qué figurita estaba más cerca terminara en una pelea. ¡Es que despertaban intensas pasiones!

Entonces llegaba la seño, les sacaba las figus a todos y recién las devolvía ¡al día siguiente! Ufa…

 

 

Con idioma propio

El mundo de las figuritas tenía su léxico particular:

Pilón: Grupo muy grande de figuritas que a veces no entraba ni en el bolsillo.

Difíciles: Las figuritas más codiciadas de cada álbum, famosas por su escasez.

Repes: Las que se repetían una y otra vez, produciendo desilusión y hartazgo.

 

 

¡También para el cole!

Cuando había que preparar una lámina para el cole, los chicos corrían a la librería y compraban las planchas de figuritas, con los integrantes de la Primera Junta, los vendedores de la Buenos Aires colonial, el Cabildo y la Casa de Tucumán.

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